Thursday, November 6, 2008

En Buenos Aires



En Buenos Aires la primavera me pintó el cielo de azul y me colgó un par de nubes de algodón, En Buenos Aires también me canceló los planes la lluvia fresca y entrometida, me empapó el pantalón, las medias y las zapatillas. Y es que para colmo, en Buenos Aires se me malogró el paraguas nuevo. En Buenos Aires los buenos aires me desaparecieron las alergias, no estornudé ni sola vez. Han vuelto ya los estornudos, será que le tengo alergia a este país..?

En Buenos Aires mandar una encomienda por correo es realmente una odisea, intentar hacerlo sin pasaporte es casi un insulto y pretender mandármela a mí misma es una broma de mal gusto. En Buenos Aires le llaman colectivos a lo que nosotros llamamos micros. En Buenos Aires hay semáforos peatonales en todas las esquinas, el envidable subte te lleva a todos lados, hay taxis y hay remiseros. En Buenos Aires los parques los ví limpios y bien cuidados, pero las veredas llenas de caca de perros. En Buenos Aires hay pintas en casi todas las paredes. En Buenos Aires me enteré que una película re-pochoclera no es una película pornográfica como yo pensaba (qué ignorante!); pochoclo le dicen a la canchita, al pop corn (ahhhh..!). En Buenos Aires también hay bodegas por todos lados, y kioskos y locutorios. En Buenos Aires también hacen maní confitado en algunas esquinas pero no recuerdo cómo le llaman… también confitan almendras.

En Buenos Aires las pizzas son muy sabrosas y particulares, llevan mucho queso y pareciera que lo demás ya no importa tanto. En Buenos Aires le dicen musarella a la mozzarella. En Buenos Aires probé el mate; me gustó el dulce. En Buenos Aires descubrí una infinidad de ricos alfajores y una increíble diversidad de exquisitas empanadas. En Buenos Aires comí la carne más deliciosa y suave que he probado en mi vida. En Buenos Aires me deleité con una botella distinta de vino cada día y descubrí lo divino que puede ser un Malbec. En Buenos Aires probé un submarino. En Buenos Aires comí buenísimo.

En Buenos Aires conocí la milonga y el gato, me aluciné con un tango en San Juan y Boedo y me rompí de la risa con Les Luthiers en el teatro Gran Rex. En Buenos Aires me cautivaron y me atraparon las enormes librerías, ah… todo en castellano… y me paseé largo rato por el maravilloso Ateneo. En Buenos Aires compré demasiados libros, algunos dvds, algunos cds, algunas carteras, un par de Malbecs y uno que otro souvenir. En Buenos Aires se me cansaron los pies caminando desde el Alto Palermo hasta Puerto Madero. En Buenos Aires a los carritos del supermercado le llaman changos. En Buenos Aires me llamaron mexicana, venezolana, española, italiana, chilena y puertorriqueña; curioso porque en México y en Venezuela me llamaban argentina. En Buenos Aires todos parecían conocer a los personajes de todos sus billetes y la significancia de cada monumento. En Buenos Aires, leerá mucho la gente? En Buenos Aires El Caminito me encantó; y me gustó mucho el monumento de la flor.

En Buenos Aires, una noche de lluvia, en Saraza, tuve la suerte de conocer por fin a un muy puntual Fabián, quién me paseó por toda la ciudad (con explicación en cada monumento incluída) y me invitó una cena muy rica en El Obrero, un lugar muy pintoresco y acogedor en La Boca. Después paseamos más, conocí el lindo San Isidro, que me dió un aire a un bien cuidado y limpio Barranco ; y sin que me diera cuenta de pronto aparecimos en el precioso y original El Tigre. En Buenos Aires Fabián y yo conversamos y conversamos y conversamos y conversamos y conversamos hasta que el sueño nos empezó a ganar cuando ya se habían terminado su café y mi té en el camino de vuelta a la ciudad.

En Buenos Aires la pasé muy bien, me maravillé con el sur de sudamérica, con el sur de Borges, de Alfonsina, de Alejandra, de Cortázar, de Gelman, de Girondo, de Sábato, de Quino, de Fontanarrosa… de tantos..! Me quedé con ganas de volver (y de comer un choripan) y conocer Mendoza por ejemplo, Mar del Plata, La Patagonia y quizá El Tigre, pero de día (me vuelves a llevar?). En Buenos Aires conocí a un nuevo amigo (quien todavía me debe un alfajor), me encontré con mi vieja amiga y me volví a enamorar de latinoamérica. En Buenos Aires para mí era todo nuevo, pero conocido, porque toda latinoamérica es distinta, pero es realmente la misma.

Gracias Buenos Aires.



14 comments:

AnyGlo said...

Gracias por este paseo por Buenos Aires. Sabes que lo que en Buenos Aires llaman colectivo y en tu tierra llamas micro, en Canarias lo llamamos "guagua"???? Jajajajaja!!!! Una palabra nueva para seguir ampliando vocabulario.

A mí también me gusta Les Luthiers. Son fantásticos. Han venido varias veces a las islas, pero no he tenido la suerte de verlos en directo porque las entradas se agontan nada más salir a la venta. Algún día lo lograré!!

Un beso y sigue siendo feliz!!!

Elmo Nofeo said...

Al principio pensé que eras alérgica a los argentinos, pero veo que no.

Un beso.

ItoCuaz said...

Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh... mi Buenos Aires querido!!!!! Tantas ganas que me quedan de volver, màs de quedarme!

Besooooos y la invitación a la Cd. de México queda siempre abierta!

Claudia.* said...

buenos aires <3. mis papas han ido 3 veces y se rehusan a llevarme :(

aNdrea* said...

que no daría por unos días en Argentina...
quien como tú :)
saludos.

Nausicaa said...

Desde luego no puedo imaginar un viaje mejor. Q maravilla.

Strigolugius said...

sooool, Sol, mi querida sol vos sos el único sol al que no le temo, le has llegado al corazón a este vampiroque desde hace rato te admira... que rico mujer todo esto que escribiste sobre mi querido y añorado baires, como me llenaste de nostalgia, en cada renglón, en cada descripción, no puedo hacer otra cosa aleteaer de orgullo y aplaudir esta prociosa aplogia que has escrito sobre mi legendario Bs As... GRACIASSSSS

Volvé, volvé, volvé piba del alma cuando querras, avisamé y aquí me tendrás para ser tu gúia, te llevaré a sitios secretos, a conocer lo más recondito del mundo nocturnal y si me dejas también te haré feliz mostrándote las afueras y aún más allá...

te mando un fuerte abrazo crepuscular, rojo cleste

F. Fabian said...

Ahhh, lograste emocionarme. Sé que esos buenos momentos serán inolvidables, y siempre estaremos dispuestos a repetirlos. Hay tantos lugares de los que no te hable, porque creia que te estaba agotando. Aunque fuiste mi oyente mas atenta, mas cordial y una inmejorable compañera en esa noche donde la ciudad se abrio como nunca.
Siempre espera una nueva visita tuya.
Y yo tambien.
Un beso, amiguita.

El proximo Tigre sera en barco, con alfajor incluido. De chocolate y dulce de leche

Daphne said...

las alergias y las manías están donde aparecieron y nada más que ahí


lindo relato



saludos

Maria Pia said...

mi hermano vive allá y siempre me habla maravillas, pero nunca me dieron tantas ganas de ir! jaja qué bien narrado la verdad, espero poder ir al otro año.
Saludos, que te vaya bien!

Gaviota said...

Y de dónde eres tú? y dónde vives ahora, que le tienes alergia..
Latinoamérica es un joya

Fritz said...

tengo una relación amor - odio con buenos aires, habiendo vivido allí varios años, pero tu descripción hizo que renazca mi amor.
O quizás simplemente sea melancolía, desde el exilio.

Soledad said...

soy una más de las transplantadas a Buenos Aires desde otro lugar, no es un lugar al que quiera, pero tu relato me hizo ver algunas cositas muy lindas...

Anonymous said...

Querida sol
Lamentablemente Maritza me informó muy tarde de está hermosa página, bah, de este hermoso rincón para deleitarnos con está hermosa sensibilidad que tenes. Me encanto este texto, te felicito. Seguiremos en contacto

Marcelo desde Saraza (Buenos Aires)