Friday, July 13, 2007

Monstruo


‘Lo mejor que puedes hacer es quedarte callado, no decir nada nunca más, perderte en el más profundo de los silencios existenciales y simplemente desaparecer de mi vida para siempre.’

‘Entendiste?’

Me dí la vuelta y caminé sin prisa hacia el elevador al final del pasillo que me llevó hasta mi viejo y destartalado carro estacionado en el sótano del edificio. El no dijo nada, se quedó pegado al piso como un moco aplastado tratando de atrapar las palabras enfriándose todavía en el aire. Ya había abierto la puerta de mi Honda azul cuando escuché sus pasos apurados clavando sus zapatos en el suelo.
No volteé.
‘Espera’ - dijo. - ‘Espera un segundo.’
No esperé.
‘Espera!’
Y la puerta del auto le mordió el brazo con el que trató de impedir que no se cerrara.
‘Au mierda!’

‘Y ahora’? - Pensé - ‘Ahora tengo que preocuparme por su brazo herido, por su brazo impulsivo, por su brazo idiota?’
Bajé del auto y me quedé mirando cómo se agarraba fuertemente el brazo derecho como si estuviera sujetándolo para que no se cayera a pedazos.
‘Au carajo!’
Un ratón corrió desde debajo del carro del costado y se perdió en la ranura de la puerta de metal que daba al baño. Era chiquitito, plomo, el ratón más común del mundo, pero lo seguí igual con la mirada. ‘Nunca voy a usar ese baño.’ - pensé.
‘No vas a decir nada?’ - Me dijo.
Volteé a mirarlo. Se le torcía la boca de dolor y el sudor empezaba a colgarse de su frente pálida. Busqué en mi piel algún sentimiento de culpa o de pena y sólo encontré una piedra helada. No quise buscar más adentro.
‘No vas a decir nada? Casi me rompes el brazo, quizá me haya rajado el hueso.’
‘Quizá te hayas rajado el hueso?’ - Pensé - ‘Pues ojalá, yo tengo otras cosas rajadas que duelen mucho más y no se arreglan con ningún tipo de yeso.’ Hasta ese momento no me había dado cuenta de la inmensidad del dolor, del largo rencor que parecía expandirse con cada segundo más de su presencia, de los malditos recuerdos ácidos que se me incendiaban en cada palabra.

‘No vas a decir nada.’
‘Ya terminaste?’ - le dije.
‘Ya termine qué?’
‘Ya terminaste de pretender ser el héroe de la situación, el que hizo todo lo posible por borrar el tachón, por retroceder el tiempo, por arreglar lo inarreglable?’
‘Carajo yo sólo quiero..’
‘Me importa un pepino lo que quieras! O querías o querrás!’
‘Pero estoy tratando de…’
‘No trates! No nada! No me importa! Ya todo está dicho, ya no hay más nada que decir. No me importa si te rompiste el brazo, o la pierna o el cráneo. No me puedes importar menos! No quiero saber nada de tí!. Qué palabra es la que no entiendes?’
Se quedó callado y mirándome fijamente por varios segundos. Por un instante me reconocí en esos ojos acribillados de odio, rabia ciega y quizá humillación. La ira me había perforado el aliento y me quedé callada también, fijándole los ojos con desafío. ‘Quién soy?’ - Pensé – ‘Este monstruo rencoroso no soy yo.’

Bajó la mirada y respiró profundamente. Luego volvió a buscar mis ojos y me dijo – ‘me puedes llevar al hospital?’
‘Qué?’
‘Al hospital, creo que me rompí el brazo, me está doliendo como la puta madre.’
‘Claro, sólo eso me faltaba!’ - Pensé.
‘Me llegas al pincho’ - le dije.
Me subí al carro, cerré la puerta y arranqué.
‘No me vas a llevar al hospital? Yo no puedo manejar así!’
Le puse seguro a mi puerta, me abroché el cinturón de seguridad, encendí la radio, volteé para asegurarme que podía retroceder, retrocedí, bajé la luna del auto y le dije - ‘tómate un taxi’

Y me fuí.

4 comments:

Fernando said...

Bravo!
Muy buena tu historia y tu final
es genial.
Espero leerte mas.

Anonymous said...

Qué bueno que te animaras a poner tu blog. Como te dijera alguna vez, te pondré en los favoritos.

La historia es real? Pobre brazo... al menos tendrá la suerte de tener un yeso que lo sane.

fidel.

George said...

al final todos somos una poco mostros...

mi despertar said...

Sigue escribiendo lo haces muy bien