Saturday, September 1, 2007

Tal vez hoy no

Era un convertible rojo deslizándose bajo el cielo abierto del verano. Ella iba de copiloto. No recordaba a dónde se dirigían o de dónde venían, pero tal vez eso no importaba, tal vez hoy no.

No vió cómo se acercaba el cemento al parabrisas ni sintió la fuerza de la gravedad después que el auto perforara el cerco de la rampa de la autopista y diera un volantín en el aire. No escuchó ningún sonido tampoco cuando cayó de cabeza sobre el pavimento de la autopista de abajo. No escuchó nada; pero vió vidrios, muchos vidrios. Buscó instintivamente sus manos que se apoyaron automáticamente sobre el suelo para levantarla y entonces se dió cuenta que le ardían y que estaban cubiertas en sangre y pedazos de vidrio incrustados en la piel. ‘Otra vez?’- pensó – ‘Otra vez no…’. Intentó levantarse pero sus manos empezaron a gritar de dolor, a morir. Sus brazos también morían y se percató del peso enorme de su cabeza, la sentía mojada, toda la cara empapada y fría. ‘No… mi cara… otra vez mi cara?’ No atinó a mirar a su amiga, no atinó a buscarla; sólo estaban sus manos ensangrentadas entre los vidrios y el olor a cemento, a gasolina, a sangre. Y el miedo. El terrible miedo al horror, miedo al miedo. El agujero en el pecho le hizo recordar que había dejado de respirar; empezó a hiperventilarse y a temblar. ‘Otra vez no..!’ El ardor había recorrido sus manos y brazos, toda su cabeza y ahora lo sentía clavándose en la garganta e incendiándole los ojos; y de pronto los abrió.

Demoró varios segundos en adivinar que esas sombras que se escurrían por sus pestañas eran las del televisor y la lámpara de su habitación. Buscó sus manos y las encontró abrazando, como si fuera su propia vida, la almohada sudada y aplastada. ‘Otra vez…otra vez esa pesadilla’- Respiró inmensamente aliviada – ‘Ya cuántas van?’ Siempre era la misma con distintos disfraces. A veces un auto, un avión, un barco; a veces ella atropellaba o se desbarrancaba, las formas cambiaban pero el miedo era constante, el miedo y la sangre y los largos segundos que le tomaban darse cuenta que había sido sólo un mal sueño. Cuando abría los ojos, no sabía si despertaba en un hospital, dentro de su auto todavía en alguna autopista o precipicio o en algún ‘limbo’ o ‘más allá’ del que hablaban las religiones. Hasta ahora nunca había vuelto a despertarse sobre la tierra a un lado de la autopista, y después en la ambulancia, y luego en el ER, y después dentro de una máquina blanca en forma de tubo, y luego con un tubo dentro de la garganta y agujas clavadas en la piel… y frío, siempre todo frío. Después de aquella lejanísima pero cercana mañana, nunca se había vuelto a despertar en algún lugar aterradoramente desconocido y frío.

‘Qué tontería’ - pensaba mientras se bañaba - ‘Qué estupidez.’ ‘Por qué tengo que asustarme todavía cuando voy en un auto, en cualquiera, a donde sea, con quien sea? Por qué esa falta de aire cuando viajo en avión o en tren? Por qué ese miedo masoquista pateándome el cerebro en las montañas rusas?’ A veces camino al trabajo o de regreso a casa pensaba ‘tal vez hoy’. Ya casi no veía la cicatriz en el espejo aunque ahí estaba todavía, atravezándole el ojo izquierdo. La costumbre tiene el poder de volver algunas cosas invisibles. ‘Pero y el miedo?’ - pensaba mientras se enjuagaba el reacondicionar del cabello. No era constante el miedo, a veces ni lo intuía, era imperceptible casi, pero habían momentos en que le inundaba la razón y tenía que concentrarse en respirar por la naríz, uno, dos, tres…

Sería su pesimismo que se empeñaba en recordar? Es verdad que con los años los sueños habían disminuído en frecuencia pero no en intensidad. Los momentos de terror sí eran menos profundos. Antes el pánico la obligaba a detener el auto al costado de la pista por unos minutos mientras recuperaba el aliento y desclavaba las manos sudadas del timón y se secaba el miedo de los ojos. Antes saltaba y buscaba de donde sujetarse cada vez que alguien frenaba o se acercaba mucho al auto de adelante. ‘Ahora tienes más control’- se dijo mientras se ponía las sandalias. Esas cicatrices no sólo le habían marcado la piel. Pensaba que quizá era normal que de a poquitos todo sea menos. Quizá esos pedazos de pavimento no estaban solamente debajo de su epidermis sino también abrazados a su subconsciente y se desenredarían de la memoria sólo muy lentamente. Quizá simplemente, algunos demoran más en olvidar. ‘Quizá no soy tan anormal’ - le dijo al gato acurrucado entre las sábanas antes de darle un beso.

Cogió su cartera y sus llaves, salió al garage y subió al auto lista para sumergirse en el tráfico una vez más. Odiaba, como cualquier persona normal que maneja 70 millas diarias, el tráfico; pero cuando el miedo visitaba pensaba que por lo menos era improbable tener un accidente grave en pleno tráfico cuando las velocidades no pasan de 25 millas por hora. ‘Igual lo odio, prefiero manejar más rápido’ – pensó – ‘Ves? No eres ninguna traumada’.

Se abrochó el cinturón de seguridad, nunca más en su vida subiría a un auto sin él, y encendió la radio para escuchar las noticias. ‘tal vez hoy no’ – pensó, y le sonrió al parabrisas con la certeza de que hoy sería un buen día.

Imagen: Stillpoint Turning, Nancy Ortenstone

13 comments:

Yahuan said...

y fue al final un buen día?? supongo que sí, no??

que hoy sea para ti también un buen día, aunque en otro sentido, claro.

fernando said...

Tal vez hoy no sea un mal día. Tal vez, no Sol? Me dijo mucho esta frase "Esas cicatrices no sólo le habían marcado la piel"
Abrazo

Nausicaa said...

Uff, pase mucho miedo leyendote, pero no más que en esas pesadillas que también me asaltan por las noches.

Mariposa... said...

Dicen que todo sueño tiene un significado,pero no significa que sucederà lo que sueñas,si no que son tus temores màs ocultos,seràn por la lejana tierra...espero entiendas mis palabras...besos

Gasper said...

Entre las marcas del pasado y los sueños de un futuro posible, vamos andando sobre estos presentes a diversas velocidades.


Me gustó el escrito, aunque lamento haberlo leído antes de salir a la calle.

Besos

Ana R said...

Quizá tomo la pesadilla como premonitoria ...Y solo fué eso...un sueño.

Abrazos

YEL said...

Muy buena esta narración. Los párrafos segundo y tercero son intensos y vívidos, casi como que se sienten… Así me pareció cuando la leí primeramente el sábado y ahora que la leí de nuevo me gustó de igual manera.

Terribles las huellas que dejan las traumas, paralizantes para algunos… Vamos a desearle a la pobre chica que se aguante, confíe que su hoy será (en afirmativo) un buen día, y que la neurociencia venga pronto con las pastillas “borra traumas” (que sí vienen por allí…)

Abrazos.

ItoCuaz said...

Inti, me gustó mucho tu relato... "La costumbre tiene el poder de volver algunas cosas invisibles", esta frase es genial!!!!!!!
Y bueno, te confieso que me hiciste un nudo en la garganta al principio, justo estaba por dejar de leerlo y dejarlo para otra ocasión cuando ella despierta... no iba a poder más, fueron muchos recuerdos de un trio de amigos que no despertaron para contarla.

Un beso!

Pedro said...

para variar me gustó mucho...ya extrañaba tu prosa fluida...
abrazo y bendiciones

Chained Entity © said...

Vivir algo que marca de manera tan profunda puede llegar a ser discapacitante en la vida.

La solucion casi en un 100% depende de uno mismo, en salir adelante pese a recuerdos duros, mas que vivir con el temor de que se repita algo o suceda algo que quiza no pase. mejor ver cada dia como el ultimo y no dejar nada pendiente con los seres que amamos.

saludos y gracias por tu visita

Sebas said...

Mi peor pesadilla ultimamente es regresar al colegio secundario con la edad que tengo ahora. Mezcla de sabiduria y descolocamiento, fue de lo mas enervante. Volver para resolver aquellas cosas que durante la adolescencia nos parecian fundamentales y ahora son tonteras pero que nos quedaron dando vuelta en la psique. Una especie de Robin Hood de si mismo, para vengar la injusticias.

Rom@&ris said...

Me encantó tu relato, los sueños, sueños son...

Anonymous said...

hay traumas en la vida tan fuertes, yo no sé...